Mediante la combinación de ventajas en materia de mano de obra y escala, y una estrategia de largo plazo que apunta a incorporar tecnología y a favorecer la innovación, China ha logrado posicionarse como la segunda potencia económica mundial, con un PIB que aumentó más de 11 veces entre 1980 y 2009.
En materia de políticas, el papel del gobierno y el sector público chinos han sido claves tanto para la atracción de inversión extranjera como para la definición de la orientación de las inversiones chinas en el exterior, que en América Latina (AL) apuntan fundamentalmente a la captación de recursos naturales. El gobierno ha generado masivos incentivos para incrementar inversiones en infraestructura vía reducción de impuestos y estímulos en el financiamiento en 10 sectores industriales (incluyendo textiles, automotriz, tecnología de la información, petroquímica y logística). Las principales medidas para fomentar las exportaciones se vincularon además con la política monetaria flexible y un tipo de cambio competitivo, además de múltiples medidas vinculadas al fomento de la Ciencia y Tecnología (CyT) y un escalamiento industrial hacia procesos de mayor valor agregado. El país asiático se ha trazado como meta un crecimiento de las industrias nuevas –como aquellas que preservan el medio ambiente, maquinaria avanzada, nuevas tecnologías de la información, energías renovables, nuevos materiales y automóviles con nuevas energías-, para que su participación en el PIB pueda incrementarse del 5% actual al 8% en 2015 y al 15% en 2020.
En cuanto a la relación de China con América Latina, el país asiático ha pasado a ser el segundo socio comercial de la región, cuando en 1990 representaba apenas 0,6% del comercio total de América Latina. Esta relación se caracteriza por ser deficitaria para la región y altamente concentrada. Los países latinoamericanos en su conjunto aparecen como proveedores de materias primas minerales y agrícolas y compradores de productos manufacturados. La categoría materias primas no comestibles excepto combustibles, que reúne los principales productos de exportación de AL a ese país -minerales (cobre y hierro) y soja- respondió en 2009 por el 55,7% de las exportaciones de la región, y junto con el sector de metales no ferrosos y el de alimentos responde por más del 80% de las exportaciones de la región.
Además, más de la mitad de las exportaciones de la región en el período 2000-2009 se vio afectada por la competencia de China; para un grupo significativo de países esa amenaza supera el 90% de sus exportaciones. Los países con estructura exportadora más parecida a China, como México, son los más amenazados. Brasil, que tiene exportaciones medianamente diversificadas, presenta amenazas parciales, y otros países especializados en la exportación de commodities, como Uruguay y Paraguay, no sólo no presentan amenazas sino que ganan mercado mundial donde China no lo hace.
La competencia china parece estar determinando importantes efectos perjudiciales, especialmente en el período más reciente, en tres mercados de bienes de elevado contenido tecnológico: químicos, equipos de informática y telecomunicaciones, y maquinaria y equipos.
En cambio, la incorporación de China como captadora de inversión extranjera directa no habría tenido efectos significativos sobre la región, y existe “complementariedad” entre los flujos recibidos por la economía china y aquellos recibidos por el resto de los países en desarrollo. El continente latinoamericano es además un receptor mucho más atractivo de IED procedente desde la OCDE que el país asiático. Es posible que la política de desarrollo china esté más orientada, en la última década, a la utilización y desarrollo de capacidades empresariales y a un proceso de crecimiento mucho más autónomo, mientras que en América Latina el rol del capital extranjero es similar al que se presenta a nivel mundial.
En suma, esta investigación confirma varias preocupaciones para el desarrollo latinoamericano que genera la emergencia de China. En primer lugar, la excesiva especialización latinoamericana en exportaciones hacia China de materias primas con bajo nivel tecnológico, mientras que las exportaciones chinas a la región se forman prácticamente en su totalidad con manufacturas con altos niveles de valor agregado y tecnología. En segundo lugar, el creciente déficit comercial bilateral de varios países de la región (en especial México y América Central), y en tercer lugar, las amenazas y pérdida de mercado de AL y el Caribe respecto a China no solamente en los respectivos mercados domésticos sino en terceros mercados (como la Unión Europea, Estados Unidos y otros países de AL).
Ante esta situación, es necesario que los países de la región diseñen e implementen políticas industriales o de desarrollo productivo consistentes, de modo de crear la agenda interna que luego se articule con la regional. Para algunos países parece necesaria una agenda de negociación en la que no deben faltar las medidas defensivas, pero fundamentalmente es necesario promover la integración comercial y productiva de la región. Ello implica recomponer la agenda de la integración regional, asumiendo, entre otros, los grandes temas pendientes en la construcción del Mercosur.
Este trabajo fue coordinado por Gustavo Bittencourt. Trabajaron como autores en los distintos capítulos de la investigación: Enrique Dussel Peters; Celio Hiratuka; Martha Castillo; Carlos Bianco; Gastón Carracelas; Samanta Cunha; Andrea Doneschi; Nicolás Reig Lorenzi: Débora Modolo; Karla Sarmento; Fernando Sarti y Héctor Bazque.
Ya está disponible (en el link inferior) el Brief # 8: "América Latina frente a China como potencia económica mundial". Próximamente lo estará el trabajo completo.