11/7/2011
Por José Fanelli
Tanto la economía europea como la argentina siguen mostrando signos de que los desequilibrios existentes podrían profundizarse. En ninguno de los dos casos se trata de síntomas novedosos. Probablemente, el rasgo más sorprendente de la coyuntura es observar cómo se repiten respuestas de política que han demostrado muy poca efectividad en el pasado sin que, por otro lado, existan alternativas de política sólidas.
Cuando los perros están aburridos se entretienen persiguiendo su propia cola. Se trata de una actividad que puede ser riesgosa si deviene repetitiva ya que puede adquirir un cierto sesgo autodestructivo. Al tratar de describir la dinámica entre desequilibrios macroeconómicos y respuestas de política que estamos observando, esta metáfora se abre camino en el pensamiento con gran fuerza.
En la Argentina, a su vez, donde la salida de capitales suele acelerarse ante incrementos de la incertidumbre política (ejemplo: conflicto con el campo), en la actualidad está ocurriendo precisamente eso debido a la falta de respuestas respecto de los interrogantes sobre cuál será la política económica una vez que se conozca el resultado de la contienda electoral.
Y ello ocurre en un contexto de caída del superávit comercial y alta inflación. Como se ha observado repetidas veces, la respuesta que se está dando a estos desequilibrios son medidas aisladas. Se trata de retrasar o impedir ciertas importaciones o se frena la depreciación nominal por debajo de la inflación, acompañando todo con congelamiento de tarifas en transporte y otros servicios. Son paliativos poco eficaces para reducir la demanda de dólares o frenar los precios. Sobre todo si se tiene en cuenta que, como consecuencia de la restringida oferta energética, el gasto en energía importada está aumentando velozmente, dado que la política de tarifas subsidiadas básicamente no ha cambiado. Asimismo, la ausencia de pautas para la negociación salarial se traduce en aumentos de costos domésticos y presión sobre el gasto.